El cauce actúa como un «corredor biológico» entre el árido desierto y la costa. Se trata de un ecosistema que conserva un patrimonio arqueológico invaluable, que permite comprender la historia de los asentamientos humanos en el norte de Chile. Un humedal costero que marca el límite regional entre Tarapacá y Antofagasta, declarado Bien Nacional Protegido en 2005 y Santuario de la naturaleza en 2018. «Hay mucha evidencia arqueológica y en la misma desembocadura hay mucha flora y fauna asociada. Esta costa también es muy fecunda, creo que tenemos una gran responsabilidad de dar a conocer esto, mostrar lo que fue en el pasado y que hoy está prácticamente abandonado», sostuvo en 2024 Virginia McRostie, directora de Estación Científica Loa UC, a cargo de la investigación, conservación y difusión del patrimonio cultural de la desembocadura del río Loa.
Para proteger este deteriorado lugar resulta fundamental reconocer el patrimonio natural y cultural que a través de los siglos permitió un intenso tráfico humano y comercial, desde la época prehispánica, pasando por la colonia y abarcando el período republicano del salitre.
Corporación Desierto de Atacama
En la región de Tarapacá, María Alejandra Malinarich, presidenta de la Corporación Desierto de Atacama, impulsa la protección del patrimonio y el desarrollo sostenible. Desde la organización no gubernamental, «trabajamos hace ya once años, somos una ONG local, comprometidos con el cuidado y manejo del medio ambiente y sus ecosistemas, principalmente marinos, a través de iniciativas y acciones generadas desde la educación ambiental hacia las personas y comunidades».
Durante 2025, a través de «un proyecto muy creativo», dan continuidad a un trabajo que busca relevar las especies, flora y fauna del río Loa, acuática y marina, con énfasis en el gaviotín chico. «Este proyecto incorpora a la universidad Católica de Chile, a través de la Estación Científica Loa UC, quienes aportaron el material educativo en el ámbito arqueológico de la desembocadura del río Loa», agregó Malinarich.
En este contexto, la presidenta de la corporación Desierto de Atacama, se refirió a la relación entre turismo y patrimonio, indicando que ambos son aliados de la conservación de la biodiversidad. «El turismo bien realizado, bien enfocado, nos va a permitir conservar y diversificar las actividades que desarrollamos en la región, en el río Loa, en el desierto o en el borde costero de Tarapacá».
Finalmente, María Alejandra Malinarich, destacó que «el aspecto arqueológico, biológico y ecológico es muy relevante, pero también es sumamente relevante que en la desembocadura del río Loa se ubica uno de los espacios donde nidifica el gaviotín chico, en peligro de extinción, por lo que es muy importante para nuestra ONG promover su cuidado y protección».
Gaviotín chinco
Con vuelos recurrentes entre Ecuador y Chile, el gaviotín chico, chirrío o gaviotín peruano, como es conocido por la mayoría, es una especie endémica de la corriente de Humboldt. Amenazado con la extinción, esta veloz y siempre atenta ave marina, encuentra en la costa de Tarapacá las condiciones necesarias para nidifcar y continuar el viaje.
Al llegar el invierno, el gaviotín chico viaja por la costa chilena. Durante junio se deja ver en la región de Arica y Parinacota con dirección al sur. Según datos publicados por el SAG Tarapacá, en julio de 2019 la región albergó a 1.800 ejemplares de una bandada que determinada continuó viaje hasta la región de Antofagasta, donde fueron censados 982 ejemplares.
«Su nombre científico es Sternula lorata. Es una especie que mide cerca de 24 centímetros desde su pico hasta la cola. Pesa 50 gramos y a la vista humana no se puede diferenciar el sexo entre ellos. Su plumaje de adulto es principalmente gris, sus alas largas y angostas le permite realizar vuelos agiles y rápidos, la cabeza y nuca son negras, además tiene un antifaz negro que lo caracteriza, las plumas de su cara son blancas, tiene un pico que es anaranjado con la punta negra, largo y puntiagudo que le sirve para pescar en picada y acicalarse. Sus patas son palmeadas le sirven para nadar, posee uñas negras y afiladas se cree les sirven para descansar en algas que flotan en el mar». Fundación para la sustentabilidad del gaviotín chico.