En la comuna de Alto Hospicio permanecen los vestigios de una era que impulsó el desarrollo de la Región de Tarapacá. No se trata solo de rieles y cimientos olvidados, sino de un patrimonio ferroviario que narra más de un siglo de historia. Este legado, hoy en un estado de deterioro crítico, se presenta como un desafío y una oportunidad para la memoria y el desarrollo local.
Los orígenes de este patrimonio se remontan a 1871, con la inauguración del Ferrocarril Salitrero de Tarapacá, que unió Iquique con La Noria. Construido por Ramón Montero y Hermanos con locomotoras Double Fairlie importadas desde Inglaterra, fue el primer trazado diseñado específicamente para transportar el caliche desde la pampa hasta el puerto. Décadas más tarde, en 1928, el Estado inauguró el Ferrocarril de Iquique a Pintados, una línea que buscaba romper el monopolio privado y conectar la ciudad con el Longitudinal Norte. Fue en este contexto que surgieron en el territorio comunal estaciones como Pampa Perdiz, Troya, El León y la Estación Alto Hospicio, en el sector de El Boro, la cual funcionó hasta mediados de los años 70 y llegó a tener un rol estratégico al vincularse con la ex Base Aérea Los Cóndores.
Diagnóstico de un legado
Desde el departamento de cultura, turismo y patrimonio de Alto Hospicio, Nicolás Prado, antropólogo y encargado de proyectos, señaló que «se ha realizado un primer registro exploratorio de estos sitios, utilizando fichas descriptivas, fotografía, video y tomas aéreas con dron».
La Estación Alto Hospicio, ubicada en el sector de El Boro, ha desaparecido por completo. Solo quedan sus cimientos en un terreno afectado por microbasurales y tomas ilegales. «Un proyecto para construir un museo ferroviario en el lugar se vio frustrado por la falta de financiamiento, y el terreno pasó a ser negociado entre Ferronor y el Serviu para un proyecto de viviendas sociales», indicó Prado.
Por su parte, las tres estaciones rurales: Pampa Perdiz, Troya y El León, se mantienen en pie, conservando una estructura básica estable. Sin embargo, carecen de techumbre, ventanas y puertas, presentan daños menores y están cubiertas de graffiti. El entorno no es más alentador, los sellos ferroviarios (túneles) muestran obstrucciones por derrumbes, y los tramos de vías más antiguas han sido blanco de robos, con segmentos extraídos mediante cortes con oxicorte.
Una nueva oportunidad
A pesar del complejo escenario y luego del fracaso del museo en El Boro, los esfuerzos se han reorientado hacia las estaciones rurales. Actualmente, existe una disposición para una concesión gratuita de cinco años de los terrenos de Pampa Perdiz, Troya y El León, lo que permitiría impulsar un proyecto de restauración y uso turístico-patrimonial.
“Este plan se encuentra en formulación y busca integrar a la comunidad local y a distintas organizaciones en un esfuerzo colaborativo”, detalló Prado. El objetivo es claro: rescatar estos espacios históricos y transformarlos en hitos de identidad y memoria para la comuna.
Vías Verdes
Como parte de la visión a largo plazo, se ha desarrollado un modelo conceptual que propone reconvertir los antiguos trazados en ciclovías de estilo vías verdes. La inspiración es el exitoso Programa Vías Verdes de España, una iniciativa que desde 1993 ha acondicionado más de 3.500 km de antiguas vías férreas para uso peatonal y ciclista, promoviendo el turismo, la accesibilidad y la conservación del patrimonio.
“Ese ejemplo consolidado ofrece un referente claro para formular nuestro plan, que también debe diseñarse de manera participativa con la comunidad local”, enfatizó Prado.
Esta iniciativa ya ha comenzado a germinar en la academia. El año pasado, estudiantes de Arquitectura de la Universidad Arturo Prat participaron en un recorrido patrimonial por las estaciones, sentando las bases para talleres futuros. Además, este legado ferroviario se presenta como un complemento ideal para los circuitos patrimoniales existentes, como el de Huantajaya y las tradiciones folklóricas pampinas, enriqueciendo así la oferta turística y cultural de Alto Hospicio.