La "riqueza desmedida" del mineral de plata del cerro Huantajaya

Probablemente, las papas de plata pura extraídas desde el alto de San Simón en el mineral del cerro Huantajaya, representan la leyenda Inca en torno a las lágrimas de la luna.  El antiguo yacimiento, sito frente al sacralizado cerro Esmeralda, fue declarado Monumento Histórico.

Alto de San Simón, mineral de plata cerro Huantajaya

Avanzado el año 1540, luego de obtener la gran encomienda de Tarapacá, el colonizador español Lucas Martínez Vegazo explotaba el mineral de plata del cerro Huantajaya.  «Sigue extrayendo la papa de plata», explicó recientemente el historiador, académico y cronista, Senén Durán Gutiérrez.  «Acumuló tanta fortuna que armó un navío.  Mientras Pedro de Valdivia luchaba con los Mapuches, vienen a pedir ayuda económica y Martínez Vegazo entrega un barco con herramientas y armamento.  Todo gracias al poder económico que genera Huantajaya, que interviene en la historia de Chile».

El yacimiento, propiedad del Sol para los originarios, está ubicado en una formación montañosa, cercana a la costa y en una zona desértica de Alto Hospicio.  «Por siglos se encontró plata tipo papa, masa de plata pura de hasta 60 kilos.  También se encontró una papa de plata pura que pesaba más de 120 kilos, fue enviada al rey de España».

Senén Durán historiador

Hasta Lucas Martínez Vegazo llegó la noticia de una mina de plata pura,  «en forma de adobe, ladrillos más grandes que las papas tradicionales», describió Senén Durán.  Ante el asombro, el encomendero amenazó a sus caciques.  «Porque no le habían entregado a él, a Lucas, el secreto de ese yacimiento.  Entonces, el cacique más viejo le dice, no tengas pena, yo te voy a dar un secreto donde hay una chacra de papas y una de lechugas».  

"Echaron a la gente del campamento, comenzaron a perforar y comienza un ascenso de mucha producción".

El cacique llevó a Lucas Martínez hasta el alto de San Simón, «había papas un poco más grandes, pero nunca del tamaño de un adobe o un ladrillo».  El colonizador «exigió rigurosamente conocer la ubicación de la otra chacra, la de lechugas.  Fue tan riguroso que el cacique molesto respondió, no».  Pero solo en primera instancia, ya que Martínez Vegazo finalmente logró la aprobación del tarapaqueño.  «Como al año, le rogó por la buena, ya vamos a ir.  Se preparan, están listos para partir y se produce un eclipse de sol.  En ese momento, el cacique dijo no, no voy porque se enojó el Sol».

«Al mes siguiente», complementó Senén Durán.  «Lo tramitó el cacique,  se cumple el mes, primer día de camino y tremendo terremoto (…) nunca más el cacique intentó acercar a Lucas Martínez Vegazo» hasta el mineral de plata del cerro Huantajaya.

Mineral de plata cerro Huantajaya

Durante el siglo XVIII, treinta y cinco pertenencias mineras trabajaron al «unísono en Huantajaya».  Senén Durán aseguró que «en el siglo XVII no pasa nada, nada de nada.  A contar del año 1718, siglo XVIII, esto entra en actividad. Ahora otros mineros, otras técnicas, con pólvora, y se hacen cavidades en el cerro como estas».  

Para lograr explotar el yacimiento de plata, Bartolomé Loayza y Valdés «se asoció, en Lima, con Pedro Gutiérrez Cossio, Francisco Montrestuque y Felipe González Cossio, quienes aportaron en partes iguales dineros que, en diez años, jamás les fueron retribuidos».

En este contexto,  Senén Durán complementó.  «Encontraron el Hundimiento, una mina generosa de plata.  En el lugar, existía un campamento de trabajadores, principalmente originarios de Sipisa, «para quienes terminó la minería de oro en la precordillera y llegaron a trabajar a Huantajaya, ellos son mineros.  Acá hacían sus fiestas, sus bailes religiosos, era el campamento de los pobres».

cementerio mineral de plata cerro Huantajaya

El historiador agregó.   «Echaron a la gente del campamento, comenzaron a perforar y comienza un ascenso de mucha producción.  Se necesita más de todo, agua, ganado, personal.  Se empieza a traer ganado desde Tucumán, ocho mil cabezas de ganado por año, más mulas que caballares».

«Esa producción generó una curva ascendente en cuanto a la riqueza de Huantajaya», dijo Durán.  «Los dueños de las minas viven en Huatacondo, Pica, Tarapacá, Miñe Miñe, Aroma.  Es a través de ellos, de la actividad en el Hundimiento, que comienza el desarrollo urbano en esas quebradas».

Pasada la mitad del siglo XVIII se encuentra en el alto de San Simón una mina de plata, «que el ancho de la veta, el ancho del túnel de la mina, era plata pura que se podía cortar a cincel, plata pura, toda la veta.  Entonces se trasladan los trabajos, comienzan a hacer varias perforaciones en el alto de San Simón y se inicia la época de la riqueza desmedida de Huantajaya».

"Es tanta la actividad que genera esta cantidad de plata, que se explota el bosque de tamarugos para los buitrones casi hasta la extinción".

«Fue necesario abrir los pozos en el Tamarugal», explicó Senén Durán.  «Los buitrones son aldeas industriales para procesar el metal plata de Huantajaya, porque allá en el Tamarugal está el recurso de leña para los hornos y el recurso de agua en el subsuelo.  Se les llamaba los pozos, hubo algo de 28 buitrones derramados de norte a sur».

Uno de los buitrones, el Santa Rosita, tuvo un desarrollo superior al de otros buitrones «y se fue formando la primera aldea que se llamó T-i-u-a-n-a, Tiuana, que quiere decir tenaza, resguardando a la aldeíta que va atenazando al buitrón Santa Rosita, y por deformación lingüística pasó a llamarse Tirana, pero nació junto al buitrón.  Por peste hubo que cambiarla más acá, por incendio hubo que cambiarla hasta donde está hoy día.  La de hoy es la tercera ubicación de La Tirana».

Senén Durán historiador

Durante su última visita a la mina de plata del cerro Huantajaya, Senén Durán profundizó en el vínculo que existe entre la fiesta religiosa de La Tirana y el yacimiento patrimonial de Alto Hospicio.  «Los bailes religiosos que venían con los mineros de Sipisa bajan a Huantajaya, y se está bailando en Huantajaya hasta que se abren los buitrones en el Tamarugal.  Bailan en los buitrones del Tamarugal cada vez que se celebra un santo patrono de una mina».

Para el historiador y académico, la relación entre el mineral de plata del cerro Huantajaya y la fiesta de La Tirana es condicionada por el obispado.  «Estrangula parte de la historia.  Quiere que sea su historia, no esta.  Pero la verdad de la verdad, cuando llegan los invasores culturales europeos a esta parte del mundo, los bailes religiosos estaban aquí.  Entonces, ellos proceden a evangelizar los bailes locales y esa evangelización se mantiene hasta hoy día.  Aún los modernos bailes religiosos mantienen rasgos naturales de los antiguos bailes precolombinos». 

"La mesa puesta"

La enorme cantidad de riqueza del mineral promueve que Josef Basilio de la Fuente, tarapaqueño peruano, se convierta en dueño de las 35 peticiones mineras que hubo en el cerro Huantajaya.  «Se trata del más connotado y poderoso integrante de los sectores que concentraron la mayor cantidad de riquezas y poder político en el siglo XVIII en Tarapacá».

En el marco del lanzamiento de un libro basado en el testamento de Josef Basilio de la Fuente, fue dado a conocer que:  «Por sus redes podemos apreciar cómo se manejaban las estructuras económicas, sociales, religiosas y políticas y cuales eran sus relaciones con otros sectores sociales de la provincia».

Senén Durán sostiene que «este señor» sacaba la plata desde el alto de San Simón, mineral de plata del cerro Huantajaya.  «Acumuló una fortuna tan grande que cuando los terremotos botaban los templos, él mandaba a reconstruir y a buscar pintores para recrear las escenas religiosas».

"Finalizando el siglo XVIII toda el agua que produce el Departamento Litoral de Tarapacá, es para abastecer las necesidades de Huantajaya".

Por su parte, Soledad González, coautora del libro El testamento de Josef Basilio de la Fuente. Sociedad, riqueza y redes de poder en Tarapacá, siglo XVIII, indicó:  «Aún no se han realizado estudios con el objetivo de comparar las fortunas virreinales.  Sin embargo, la de Josef Basilio debió ser una de las más grandes del espacio surandino».

Asimismo, la investigadora se refirió al control económico que Josef Basilio de la Fuente ejercía sobre la población tarapaqueña:  «Su archivo financiero estaba conformado por títulos de hacienda, composiciones de tierra, libros de caja, concesiones de agua, reconocimiento de censos, testimonios de embargos, escrituras de compra y venta de esclavos. Ese archivo hoy perdido fue la biografía de su gran fortuna».

Senén Durán historiador

Senén Durán Gutiérrez sitúa la muerte de Josef Basilio de la Fuente entre los años 1777 y 1778.  «La herencia que deja es la más cuantiosa que ha existido en Tarapacá hasta la fecha de hoy», complementó.

Años más tarde, designado por sus hermanos como representante de la sucesión, Francisco de La Fuente intervino en la gran rebelión contra la dominación española liderada por Tupac Amaru II.  «Todos los mineros corren a enrolarse en la revolución», relató Senén Durán.  «Avanza la revolución y van degollando a cuanto español e indio bautizado encontraron a su paso.  Francisco de la Fuente, jefe de la sucesión de Josef Basilio, se echa la mano al bolsillo, pone un ejército, lo equipa, parte, acorrala y vence a la revolución.  Vence el poder económico de Huantajaya, que por segunda vez interviene en la historia de Chile», añade Senén Durán.  

Finalizando el siglo XVIII comienza «la decadencia de las vetas de San Simón y pasamos al siglo XIX con la decadencia total» de la mina de plata del cerro Huantajaya.  

Durán plantea que  «hay pocos pirquineros trabajando, quedan desocupados los capitales, el ganado y el personal, quedan hechos los caminos y los pozos de agua.  A contar del año 1810 se inicia la nueva industria del salitre con capitales de Huantajaya, obreros de Huantajaya, caminos, animales, pozos de agua y bailes religiosos de Huantajaya.  Es decir, cuando parte la industria del salitre la mesa estaba puesta».

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